terça-feira, 9 de outubro de 2012

Minuta sobre Economía Mundial -- parte 1


Minuta sobre Economía Mundial

 

El siguiente material fue presentado por el SI de la LIT-CI para la discusión del punto sobre economía mundial en su reciente IX Congreso, realizado entre el 26 de julio y el 3 de agosto pasado

 

Introducción

 

En junio-julio del año pasado, la crisis del mercado inmobiliario de EE.UU. se expresó en un fuerte sacudón financiero, con epicentro en Wall Street y desde allí comenzó a extenderse al resto del mundo. Los cientos de miles de millones de dólares que los bancos centrales de EE.UU., Europa, Canadá y Japón "derramaron" en los mercados financieros sólo sirvieron para frenar el derrumbe bursátil e impedir la quiebra en cadena de los bancos y otras entidades financieras.

 

Pero la crisis continuó profundizándose, especialmente en EE.UU. A la caída del Bear Stearns, le suceden, en días recientes, la de dos gigantes de la banca inmobiliaria (Fannie Mae y Freddie Mac), una situación muy difícil de uno de los grandes bancos de inversiones (Lehman Brothers) y pérdidas acumuladas por el cuarto trimestre consecutivo de otros  (Citigroup y Wachovia). De los gigantes de inversiones, sólo Goldman Sachs se mantiene entero. Al mismo tiempo, se produce un claro descenso del consumo (expresado, por ejemplo, en la caída de ventas de automóviles) y una pérdida creciente de puestos de trabajo.

 

En Europa, luego del costoso salvataje del BNP Paribás (Francia) y del Northern Rock (Gran Bretaña), todos los indicadores de la economía están frenándose con expresiones más agudas en países que, como España, también tenían su propia “burbuja inmobiliaria”, donde acaba de caer la principal empresa del sector. Además de España, ya se encuentran de hecho en recesión Gran Bretaña, Dinamarca e Irlanda.   

 

Al mismo tiempo, la crisis se expresa y se realimenta con el alza de los precios de los alimentos,  y la inflación en general, que impactan fuerte y directamente sobre el nivel de vida de los trabajadores y las masas y que ya han provocado, hace pocos meses, la llamada “rebelión de los hambrientos”.

 

Por eso, actualmente, casi todos los analistas burgueses coinciden en que EE.UU. ya está en recesión, que esta situación continuará y que tendrá un impacto sobre el conjunto de la economía mundial. La discusión entre ellos gira sobre la profundidad y la duración que alcanzará la crisis y sobre los mecanismos para enfrentarla. Algunos economistas burgueses muy serios, como Stiglitz y Krugman, consideran que se trata de la peor crisis desde 1929. Es decir, no estaríamos frente a una simple crisis cíclica del capitalismo sino frente al inicio de una fase descendente mucho más profunda y duradera.

 

Las crisis de la economía capitalista pueden ser analizadas en tres diferentes aspectos. El primero son los mecanismos estructurales de estas crisis, analizados por Marx en El Capital; el segundo son los rasgos propios que determinan la configuración más especifica de cada crisis y el tercero, finalmente, son sus perspectivas concretas. En este material, trataremos de abordar los tres aspectos, incorporando en su desarrollo las polémicas que existen actualmente en los diferentes análisis que realiza la izquierda a nivel mundial. También incorporaremos las elaboraciones sobre la “crisis de los alimentos” y cómo ésta se entrelaza con la crisis económica en curso.  

 

I. Las bases estructurales de la crisis

 

En El Capital, su obra más importante dedicada al estudio de la economía capitalista, Marx analiza los rasgos fundamentales de las crisis cíclicas del capitalismo:

 

1)      El capitalismo se caracteriza por ser una economía productora de mercancías; es decir, valores destinados a ser vendidos en el mercado.

2)      En la producción de mercancías, solo la fuerza de trabajo crea nuevo valor. Las maquinarias y materias primas se limitan a restituir el valor aportado.

3)      Por eso, Marx clasifica la inversión que realizan los burgueses en capital variable o "v" (salarios para compra de fuerza de trabajo) y capital constante o "c" (compra de los otros factores).

4)      Los capitalistas se apropian de una parte del valor producido por la fuerza de trabajo porque solo pagan una fracción de ese valor, a través del salario. Esa parte del valor apropiado, Marx la denomina plusvalía.

5)      La plusvalía se genera en la producción y se realiza en el mercado, con la venta de las mercancías, siendo así la base de la ganancia de los capitalistas (aumento del capital inicial invertido a través de la capitalización de la plusvalía).

6)      Los capitalistas miden el resultado de su inversión a través de la tasa de ganancia. Es decir, el crecimiento del capital invertido luego de un circuito completo de producción-venta-capitalización de plusvalía.

7)     La competencia lleva a los capitalistas a invertir de modo creciente en maquinarias y tecnología para producir más y a menor costo. Es decir, tiende a aumentar la parte proporcional de capital constante (c) y a disminuir la del capital variable (v). Estas diferentes relaciones entre c y v determinan lo que Marx llama composición orgánica del capital.

8)      El crecimiento proporcional del capital constante en las inversiones permite, en un periodo inicial, un aumento de la tasa de ganancia. Estos elementos (crecimiento simultáneo de las inversiones y de la tasa de ganancias) son los rasgos centrales de la fase ascendente de los ciclos de la economía capitalista.

9)      Posteriormente, sin embargo, la tasa de ganancia comienza a caer, en un proceso que Marx estudia en su Ley de la tendencia decreciente de la cuota de ganancia.

10)  Al caer la tasa de ganancia, los capitalistas comienzan a disminuir sus inversiones. Se produce así el punto de inflexión que inicia la fase descendente de los ciclos económicos (o crisis cíclica). Las crisis económicas son, entonces, inherentes al sistema capitalista y a su propia estructura de funcionamiento.

11) Al provocar la desinversión, la caída de la tasa de ganancia es la base o esencia de todas las crisis capitalistas. Sin embargo, esta esencia se manifiesta y se hace visible a través de la forma de una crisis de superproducción, es decir comienzan a sobrar mercancías producidas que no encuentran comprador. El surgimiento del capital financiero, en la época imperialista, también determinó que puedan manifestarse inicialmente como crisis financieras, es decir en el mercado de capitales, o combinándose con una crisis de superproducción. Pero, en todos los casos, la base de las mismas es la caída de la tasa de ganancia.  

11)   Al mismo tiempo, las propias crisis generan mecanismos para superar, por un período, las causas que las provocan: quema de capitales (cierre de empresas) y presión a la baja de los salarios por la desocupación, aumentando así la tasa de plusvalía extraída a los trabajadores. Además, el capitalismo ha generado toda otra serie de mecanismos para evitar o atenuar la caída de la tasa de ganancias: centralización del capital en empresas cada vez más grandes, explotación de otros países, intervención del Estado, etc. Sin embargo, lo único que realmente puede sostener la tasa de ganancias en plazos más largos es el aumento de la plusvalía absoluta; es decir, un crecimiento de los ritmos de producción y explotación de los trabajadores mayor que la inversión total de capital.                   

 

Un carácter cada vez más especulativo

 

Estos análisis de Marx siguen teniendo plena vigencia y son imprescindibles para la comprensión de las causas estructurales de cualquier crisis capitalista. Sin embargo, Marx analizó el capitalismo de su época, centrado en el capital industrial, alrededor del cual se ordenaban y se supeditaban los otros sectores (agro-ganadería, banca, comercio, etc.).

 

Posteriormente, como parte del intento de superar la caída de la tasa de ganancia, se dio un proceso determinante: el surgimiento del capital financiero, como resultado de la fusión del capital bancario y el industrial, proceso estudiado por Lenin en su famosa obra sobre el inicio de la fase imperialista (o "superior") del capitalismo. Entre otros procesos negativos de esta fase, el decadente capitalismo imperialista tiene una tendencia especulativa creciente. Es decir, existe una masa cada vez mayor de capitales parasitarios (que no producen nuevo valor ni ayudan a generar las condiciones para crearlo) volcados hacia la especulación y la búsqueda de ganancias rápidas. Capitales que van a disputar la plusvalía producida, tratando de apropiarse de una parte de ella. Como veremos más adelante, esto acentúa el carácter inestable y la fragilidad de la economía capitalista.

 

Los regulacionistas o la “nueva fase” del imperialismo

 

Existen corrientes que, sobrevalorando algunos procesos de la realidad, cuestionan, de hecho, estos análisis de Marx y de Lenin. Ellos consideran que el sistema capitalista imperialista, si bien se torna cada vez más perverso, ha conseguido fortalecerse frente a la clase obrera y asegurarse una sobrevida que alarga la fase de “agonía” definida por Lenin.

 

Por ejemplo, François Chesnay afirma que, después de la II Guerra Mundial, el capitalismo logró mecanismos que le permitieron un período de 50 años de acumulación “sin cortes o rupturas cualitativas”. Aunque, en ese período, se dieron las crisis cíclicas previstas por Marx, fueron utilizadas por el capitalismo para “autorregularse” y fortalecerse (por eso, el nombre de “regulacionistas”)[1].

 

Según Chesnay, la crisis más importante fue en la década de 1970 (otros autores indican su inicio a finales de los 60) que divide en dos ese período. Primero existió el “boom económico de posguerra”, donde el capitalismo logró garantizar, de modo simultáneo, altos índices de crecimiento económico, buenas tasas de ganancia y un mejoramiento del nivel de vida de las masas en los países imperialistas y otras regiones.

 

Para él, agotados los mecanismos de acumulación que permitieron el “boom”, el capitalismo utilizó la crisis de los 70 para iniciar una serie de cambios estructurales muy profundos. Inicialmente, algunos caracterizaron que había terminado la “época imperialista” definida por Lenin. Ahora, con un contenido similar pero más atenuado, hablan de una “nueva fase” de esa “época”: la de la “globalización” o “mundialización”.

 

Según algunos de los defensores de esta concepción, “la enormidad de cambios estructurales en la acumulación del capital producidos en los últimos 25 años van más allá de la correlación de fuerzas”[2]. Es decir, son “condicionantes estructurales” de los procesos de la lucha de clases y le imponen límites objetivos a su desarrollo.  Entre esos “cambios estructurales, es importante mencionar, aunque no vamos a extendernos, la “fragilización” de la clase obrera, resultado de los ataques y destrucción de conquistas obreras realizados por el capitalismo a partir de la década de 70 que llevaron a un “debilitamiento de su capacidad de lucha”, especialmente de su núcleo duro, el proletariado industrial. De este modo, esta visión se terminó transformando en la base teórica de las políticas capituladoras y neo-reformistas de numerosas corrientes.

 

 

¿Crisis financiera o crisis clásica?

 

Otro cambio estructural importante analizado por Chesnay es lo que denomina la “financierización” de la economía y la existencia de un “sistema financiero mundializado”, caracterizado por una hipertrofia de los mercados de activos financieros y por un crecimiento continuo del llamado “capital ficticio” o “ilusorio”. Es decir, que no refleja el aumento de riqueza real (nuevo valor) sino que es el resultado (casi contable, diríamos) de las propias operaciones financieras. Por eso, este “capital ficticio mundializado” adquirió una cierta “autonomía” de la base productiva aunque, a través de los papeles que lo representan y su rendimiento, se realizan transferencias de masas de valor. La “financierización”, según las circunstancias, puede impulsar la “economía productiva” o, como ocurre ahora, representar “un riesgo”. Posteriormente, él agrega un elemento importante: el centro de este sistema está en EE.UU. (con su economía cada vez más “financierizada”) mientras el eje productivo mundial se trasladó a China-Asia.   

 

A partir de este análisis, Chesnay recuerda la distinción que hace Marx entre dos tipos de “crisis monetarias” o “de dinero” (aún no se utilizaba el término “financiero”): la primera es sólo un momento importante de cualquier crisis; la segunda “puede producirse también de un modo independiente, influyendo luego de rebote sobre la industria y el comercio”[3].

 

De esta distinción, Chesnay concluye que la actual es una “crisis financiera” del segundo tipo de las definidas por Marx. Es una discusión muy importante para prever su profundidad y sus posibles dinámicas. Él abre la hipótesis de que la crisis afecte profundamente a EE.UU. pero que el eje productivo China-Asia pueda amortiguar sus efectos (“rebotes”) en el conjunto de la “economía real”, tema que abordaremos en un capítulo específico.

 

Creemos que la definición de la situación actual como una “crisis financiera” es equivocada. Para nosotros, asistimos al inicio de una crisis clásica originada en la caída de la tasa de ganancias que, en esta primera fase, se expresa a través de una de una crisis de superproducción en el mercado inmobiliario y potenciada por una crisis financiera.

 

Evidentemente, la hipertrofia que analiza Chesnay es real y existe un “capital ficticio” que crece constantemente: se estima que el conjunto de operaciones financieras mundiales exceden cinco o seis veces las que serían necesarias de acuerdo a la producción mundial y a los activos físicos existentes. Evidentemente, también, una parte de este capital ficticio puede “valorizarse” (crecer nominalmente) a través de apuestas especulativas, en las que algunos apostadores ganan y otros pierden, o creando nuevo capital ficticio. Es decir, de modo “autónomo” o, como él dice, “sin salir de la esfera de los mercados financieros”. Sin embargo, en última instancia, una valorización real de los capitales especulativos sólo puede producirse efectivamente si logran apoderarse, de modo parasitario, de una parte de la plusvalía extraída en la producción[4].

 

La “financierización” y la composición orgánica del capital

 

El resultado más profundo del proceso de “finacierización” es el “sobreincremento de la composición orgánica”. Esto es así porque, al proceso natural del capitalismo de aumentar en sus inversiones la proporción de capital constante por sobre el variable (base de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia), se suma también esta masa de capitales especulativos. De este modo, no sólo aumenta el volumen global de capital circulante sino que, dentro de él, aumenta aún más la proporción de la parte  que no produce nuevo valor, “sobreincrementando” de modo artificial la composición orgánica porque en el total de capital circulante decrece cada vez la proporción que sí lo produce (el capital variable). Por eso, aunque durante un período pueda impulsar la dinámica de la economía y ayudar a recuperar la tasa de ganancia (como ocurrió en 2003-2006), en un plazo más largo, la “financierización” se convierte en un factor adicional que acentúa crecientemente la tendencia a su caída (como está aconteciendo ahora).

 

Si consideramos la “hiperecuación de la tasa de ganancia” formulada por Marx, esto significa que se requiere una masa cada vez mayor de plusvalía para valorizar a una masa creciente de capitales. Esto obliga al capitalismo imperialista a acentuar cada vez más los mecanismos de extracción directa e indirecta de plusvalía absoluta (explotación de los trabajadores, saqueo de recursos naturales de los países más débiles, ingresos por el cobro de las deudas externas, etc.). Al mismo tiempo, significa que incluso grandes aumentos de la tasa de explotación y de la masa de plusvalía extraída son rápidamente “devorados” y resultan incapaces de sostener la tasa de ganancia a más largo plazo. Un punto a partir del cual las “inyecciones financieras” no tienen ninguna posibilidad de resolver la cuestión de fondo. Para nosotros, esa es la base de la crisis actual y, por eso, la definimos como una crisis clásica que, en esta primera fase, se expresa a través de una crisis financiera.      

 

La caída de la tasa de ganancia

 

Este tema siempre ha sido muy polémico en el marxismo. Además del debate teórico sobre cuál es la base de las crisis, algunos autores consideran que se trata de una formulación general de Marx, imposible de demostrar prácticamente por la complejidad de elementos que intervienen. Sin embargo, otros, como Anwar Shaikh, han creado modelos matemáticos que permitieron verificarla empíricamente para EE.UU.[5] 

 

En un excelente trabajo más reciente, dos economistas franceses presentan la secuencia de la tasa de ganancia en EE.UU., en 1948-2000[6]. Ellos muestran que la tasa promedio, luego de alcanzar un pico del 11% en 1967, se estancó y  comenzó a caer hasta un piso de 5% en 1980. Luego inició un movimiento aserrado hasta crecer al 7, en 1999, y comenzar a caer nuevamente[7].

 

Con una metodología y valores distintos, un autor español establece la secuencia 1929-2005. La estructura gráfica es parecida: ascenso hasta 1967, descenso hasta 1980, recuperación irregular hasta 2000. Después se ve una suba en 2003-2004 y un estancamiento en 2005[8]. Según este autor, ya en 2006 se producía una retracción de las inversiones, lo que coincidiría con las opiniones que afirman que el inicio abierto de la actual crisis fue “demorado” o “maquillado”. Es interesante destacar también que la tasa de 2004 es no sólo menor que la de 1967 sino también al pico alcanzado en la década del 90.

 

Es decir, empíricamente se ha podido demostrar la existencia de la caída de la tasa de ganancia y como ella coincide con los inicios de las crisis. Al mismo tiempo, hay otra conclusión importante: por lo menos desde finales de la década de 1960, los ciclos de ascenso no alcanzan a recuperar las mejores tasas del ciclo anterior. De modo que, además de la caída específica de cada ciclo, hay una tendencia de más largo plazo a la declinación.

 

II. Génesis y configuración de la crisis actual

 

Para entender la configuración específica de la crisis actual, debemos retomar el carácter cada vez más especulativo y parasitario que toma el capitalismo imperialista en decadencia, al que ya nos referimos en sus efectos sobre la tasa de ganancia. Existe una masa creciente de capitales parasitarios, volcados hacia la especulación y la búsqueda de ganancias rápidas, que se mueven por el mundo con extraordinaria rapidez. Eso produce una disputa aún más feroz entre los distintos sectores  burgueses por el destino final de la plusvalía.

 

Al concentrarse sobre un determinado mercado nacional o internacional (valores bursátiles, inmuebles, commodities, etc.), estos capitales originan una “burbuja” que empuja artificialmente los precios hacia arriba, más allá de toda base real. Durante un período, la “burbuja” puede actuar como un factor dinamizador de otras ramas económicas. Sin embargo, al mismo tiempo, la economía en su conjunto adquiere una fragilidad y una volatilidad mucho mayor al estar basada, en gran medida, sobre esa “burbuja” y sobre esa afluencia constante de capitales al sector.

  

Por eso, en algún punto, la “burbuja” empieza a desinflarse. La “pinchadura” aparece, a primera vista, como un resultado de factores específicos, como los límites objetivos del crecimiento del sector “inflado”. Pero, en última instancia, estos “factores específicos” reflejan la causa más estructural de las crisis capitalistas (la caída de la tasa de ganancia). Por otro lado, el agotamiento de la burbuja en ese sector va a impactar negativamente sobre el resto de las ramas de la economía empujando hacia una crisis económica generalizada. El factor desencadenante de la situación actual fue la caída del mercado inmobiliario en EE.UU. y otros países imperialistas. Es decir, el desinfle de una gran burbuja.

 

EE.UU.: problemas económicos muy profundos

 

El epicentro de los problemas actuales está en EE.UU. (la economía más grande del planeta). Tanto el Estado, como las empresas y los consumidores, están sobre-endeudados. Es decir, deben más que su real capacidad de pago y, muchas veces, más que el valor real de sus propiedades. La economía estadounidense de los últimos años se ha ido construyendo sobre los llamados “déficits gemelos” (presupuesto estatal y balanza de comercio exterior) que han crecido hasta cifras impronunciables.

 

Por eso, para funcionar normalmente, la economía estadounidense necesita que ingresen desde el exterior un promedio de 3.000 millones de dólares diarios en préstamos, inversiones directas, compra de bonos del tesoro, remesas de ganancias y royalties de filiales en el exterior, etc.[9] Si este ingreso se detuviera, la economía comenzaría a venirse abajo. Por eso, a través de distintos mecanismos, EE.UU. actúa como una “aspiradora” de toda una parte de la plusvalía extraída en otras regiones del mundo.

 

En este sentido, es muy interesante analizar cómo ha venido funcionando, en los últimos años, el tándem EE.UU.-China como locomotora del crecimiento económico mundial. La burguesía estadounidense realizó gigantescas inversiones en China, aprovechando las condiciones muy favorables ofrecidas. China vende sus productos industriales a todo el mundo, especialmente a los propios EE.UU. (una de las causas del aumento constante del déficit de comercio exterior de este país). Por otro lado, gran parte de las ganancias obtenidas vuelven a EE.UU., principalmente para comprar bonos del Tesoro estadounidense. Actualmente, China es el principal poseedor de estos bonos (con la increíble cifra de 900.000 millones de dólares). De esta forma, se financia una parte del déficit estatal y se realimenta el circuito económico de EE.UU.[10]  Se establece así una “división internacional del trabajo” con EE.UU. como centro financiero mundial, China (y en menor medida India) como “fábrica del mundo” dependiente y otros países (Brasil, Argentina, Rusia, Venezuela, Medio Oriente) como proveedores de alimentos, petróleo, gas, minerales, etc.   

     

La génesis de la situación actual

 

En este marco, podemos decir que la actual crisis representa un “segundo episodio” de la que el imperialismo consiguió frenar en 2002. Al mismo tiempo, expresa las consecuencias de las políticas que el gobierno estadounidense implementó para frenarla.

 

En marzo de 2000, se desinfló la burbuja especulativa en los mercados de valores de EE.UU., poniendo fin a las delirantes teorías de la “nueva economía” sobre el supuesto crecimiento sin límites de las empresas de informática e internet (las famosas “punto-com”). Comenzó así un proceso recesivo en el país pero que pudo ser rápidamente revertido, a través de dos medidas principales adoptadas por el gobierno de Bush.

 

La primera fue el aumento del presupuesto militar y las inversiones en tecnología y producción bélica. Aunque esta política, una de las razones del lanzamiento de la “guerra contra el terror”, aumentaba aún más el déficit presupuestario, al mismo tiempo, dinamizaba la economía  a través del impulso del poderoso complejo militar-industrial estadounidense. Por esta vía, el gobierno “inyecta” cerca de 500.000 millones de dólares anuales en la economía[11]. Algunos economistas han comenzado a llamar esta política como "keynesianismo militar"[12]. Esta “inyección” permitió la recuperación de empresas como la Boeing, que estaba al borde de la quiebra y pasó a tener enormes ganancias gracias a los contratos militares y las rebajas impositivas otorgadas por el gobierno.

 

Junto con esto, la Federal Reserve, entre 2001 y 2003, redujo del 6,25 al 1% anual la tasa de interés interbancaria (referencia para todas las operaciones crediticias), lo que generó una catarata de créditos baratísimos sobre el mercado para impulsar el consumo. Estas medidas, sumadas al funcionamiento “en tándem” con China, permitieron revertir la recesión. Desde finales de 2002, la economía mundial comenzó a crecer a tasas muy superiores a la de años anteriores.      

 

Se pincha la burbuja inmobiliaria

 

Este tren lanzado a alta velocidad corría sobre vías muy flojas y con alto riesgo de descarrilamiento, ya que una de sus bases era la burbuja existente en el mercado inmobiliario y de la construcción de EE.UU. y otros países. Según Joseph Stiglitz: Aproximadamente el 80% de la suba del empleo y casi las dos terceras partes del incremento del PBI de EE.UU, en los últimos años, se originó directa o indirectamente en el sector inmobiliario”.

 

Los bancos impulsaban a familias y empresas a tomar créditos hipotecarios baratos para comprar inmuebles o hipotecar su casa y utilizar ese dinero para otros consumos. La construcción pegó un salto impresionante y también se dispararon los precios de los inmuebles. Inicialmente, esto facilitaba la renovación de los créditos y, a la vez, atrajo nuevos capitales al sector. Pero toda burbuja especulativa tiene un límite propio: los nuevos inmuebles construidos ya no encontraban compradores. Se estima que, en 2006, la venta de inmuebles en EE.UU. tuvo una caída del 30%. Lógicamente, su precio comenzó a bajar y la renovación de los créditos hipotecarios ya no cubrían las deudas adquiridas.     

 

Para alimentar el mercado, los bancos comenzaron a otorgar préstamos a familias que sabían que tendrían muchas dificultades para pagar. Así nacieron los llamados “créditos subprime” (de “segunda categoría”) que comenzaron a ser comercializados como bonos por los bancos, o sus intermediarios, como la compañía Countrywide. Fueron esos bancos y compañías los primeros afectados por la crisis.

 

Al mismo tiempo, desde 2005, la Fed fue subiendo gradualmente la tasa de referencia interbancaria aumentando así los intereses a pagar por los créditos hipotecarios y, con ello, la dificultad de muchas familias para pagarlos. También aumentaban los impuestos inmobiliarios y muchas familias y empresas intentaron vender. Algo que, en un mercado cada vez más saturado, originó una mayor caída de los precios. El desinfle de la burbuja inmobiliaria llevaba por lo menos un año. Sin embargo, las empresas y bancos involucrados venían “maquillando” sus registros de estado de pagos de créditos y de valuación de inmuebles para evitar una caída.

 

Expansión de la crisis

 

En un punto, eso fue insostenible y la situación se manifestó claramente en el sector de la construcción y comenzó a expandirse a otros, en una clara dinámica recesiva. Ya nos hemos referido a la caída de grandes bancos inmobiliarios y de inversiones. También hay un fuerte declive de la industria automotriz: en 2001-2005, vendió 17 millones de vehículos anuales y proyectaba llegar a 20 millones en 2010; las ventas comenzaron a caer en 2006 y se estima que este año apenas superarán los 15 millones. Esta rama es el principal sector manufacturero de EE.UU.: representa casi un 4% del PIB y emplea unos 2,5 millones de trabajadores, directa o indirectamente[13]. Otro dato significativo es la caída del empleo: entre enero y mayo de  2008, se perdieron 250.000 puestos trabajo, lo que elevó la tasa de desempleo al 5,5%, el mayor incremento desde febrero de 1986. Sólo el sector de la construcción ya lleva pérdidos más de 120.000 puestos de trabajo, desde septiembre de 2006[14].

 

En Europa, países como España también sufren el derrumbe de  una burbuja inmobiliaria. Sólo en el mes de marzo de 2008 ”los afiliados a la Seguridad Social vinculados a actividades del ladrillo han caído un 1,3%”[15]. En un artículo reciente, el PRT-IR informa que: “Las construcciones iniciadas este ano no llegan a la mitad de las del pasado y las ventas de las grandes inmobiliarias, el primer trimestre, han caído un 72%”.  La situación se extiende a otros sectores: “Las ventas del comercio minorista llevan cayendo cinco meses consecutivos y caen también las ventas de coches (en marzo un 20%) y baja la producción industrial”.

 

Trazando una perspectiva negativa de la actividad de la industria automotriz europea, el presidente de la Asociación Nacional de Fabricantes de Automóviles y Camiones (Anfac) de España advirtió que la fabricación de coches en la “Europa de los 15” caería este año entre el 13% y el 15% y que “este descenso de la producción es preocupante porque puede suponer reducciones de empleo en las plantillas de los constructores automovilísticos”[16].



La falta de confianza

 

Además de los problemas específicamente económicos que hacen que la burguesía imperialista comience a planificar sus inversiones “a la baja”, existe un factor político que también erosiona su confianza. El curso desfavorable para los EE.UU. de la guerra en Irak y, más en general, de la política de Bush en Medio Oriente-Asia Menor, es seguramente, otro factor que ha influido en la génesis de la situación actual, aunque sea muy difícil de medir su impacto en términos estrictamente económicos.

 

Por un lado, la situación ya ha vuelto como un boomerang sobre los propios EE.UU., debilitando no sólo al gobierno de Bush y a los republicanos, sino también al conjunto del sistema político. ¿Podrá una posible presidencia de Barack Obama lidiar con la compleja combinación de problemas que tiene por delante? Es una pregunta que todavía no tiene respuesta.

 

Por el otro, cuestiona la política de Bush de destinar tantos fondos estatales al complejo militar industrial (una de las bases de la anterior recuperación) porque esto ni siquiera ha garantizado triunfos en las intervenciones militares. Es cierto que esto depende más de una definición política que del curso de la economía. Pero esa política está siendo cuestionada por sectores burgueses que apoyan a los demócratas, como los de salud y educación (ver Correo Internacional de junio 2008), que quieren una redistribución del presupuesto estatal hacia esos rubros. No para reconstruir el “estado de bienestar” sino para profundizar los sistema mixtos o privados que existen en esas ramas, a la vez que vestir con un “toque social” la política de Obama. Otros sectores cuestionan la falta de inversiones en infraestructura básica de caminos, puertos, etc[17].



[1] La mundialización del Capital (1995)
[2] La actualidad del socialismo y las tareas de los revolucionarios, documento del MES brasileño, 4/4/2008.
[3] El Capital, Tomo III, pág. 449.
[4] Algo que Chesnay reconoce, pero que sólo menciona casi al pasar, como para cubrir el flanco.
[5] Ver, por ejemplo, Valor, acumulación y crisis: ensayos de economía política, Bogota, Tercer Mundo Editores, 1991.
[6]  The real an financial components of profitability (USA 1948-2000), Gérard DUMÉNIL and Dominique LÉVY, MODEM-CNRS and CEPREMAP-CNRS, 2005.
[7] Estos autores presentan tres mediciones distintas de la tasa de ganancia, considerando las diferencias de valuación de los inventarios de las empresas y la incidencia del pago de impuestos. Aunque presenten valores diferentes, las figuras y tendencias resultantes son similares por lo que optamos por tomar el valor que consideramos más real.
[8] Tendencia histórica de la tasa de ganancia en EE.UU. (1929-2006), José Luis González González, en www.geocities.com/redculturalin/tasadeganancia2007.
[9] Esto totaliza la increíble cifra de más de un billón (millón de millones) de dólares anuales.
[10] En los últimos años, las autoridades monetarias de EE.UU. vienen alentando la devaluación del dólar frente a las otras monedas fuertes (el euro y el yen). Esto devaluación les permite reducir el valor real de la deuda que el fisco de EE.UU. contrae con la venta de bonos del Tesoro. Al mismo tiempo, como el dólar sigue siendo de hecho el patrón del sistema monetario mundial, los otros bancos centrales, buscan sostener la cotización del dólar para evitar una caída demasiada acentuada de su cotización, lo que realimenta la venta de bonos del Tesoro. Lo mismo ocurre con el gobierno chino y las empresas radicadas en ese país. Por su peso en la economía mundial, EE.UU. utiliza la amenaza de “si me caigo yo, se caen todos”. Se trata de un juego que favorece al sistema financiero-monetario de EE.UU. Pero es un juego muy peligroso que enrarece el sistema monetario mundial y lo torna mucho más frágil.           
[11] En 2006, el presupuesto militar estadounidense alcanzó la cifra de 447.400 millones de dólares, sin incluir los 100.000 millones de más gastados en las guerras de Irak y Afganistán, que se votaron por separado. Estos gastos militares se llevan el 21% del presupuesto federal estadounidense (datos extraídos de Los cinco pilares del complejo industrial militar de Estados Unidos, publicado en www.iade.com.arg, 29/09/2006).
[12] Referencia a las teorías del economista británico John Maynard Keynes (1883-1946) que orientaron gran parte de las políticas económicas, financieras y monetarias de los gobiernos capitalistas entre 1930 y 1975. A diferencia del “keynesianismo clásico”, el militar disminuye los gastos del Estado en infraestructura y sectores sociales, para inyectar fondos en el complejo militar industrial.  
[13] También estalla la burbuja automotriz, Wall Street Journal, 21/05/08
[15] El País, Madrid - 23/04/2008
[17] Ver por ejemplo el artículo Infraestructura: se ven las rajaduras, The Economist (26/6/2008)

domingo, 23 de setembro de 2012

Resenha de "Gênese e estrutura de O Capital de Karl Marx"

publicado na Revista Outubro nº 7

Por Hector Benoit
PROFESSOR DE FILOSOFIA DA UNIVERSIDADE ESTADUAL DE CAMPINAS

Finalmente é traduzida em português esta obra fundamental a respeito da gênese e
estrutura de O capital de Marx. Este trabalho de Roman Rosdolsky, escrito e publicado
há mais de trinta anos, está longe de envelhecer, apesar do tempo transcorrido e da
muita água que rolou, de lá para cá, na história, na prática e na teoria marxista. Para
compreender a permanência, o vigor e o estilo desta obra, não é sem significado – como
faz esta cuidadosa tradução brasileira realizada por César Benjamin – recordar a longa e
difícil trajetória do próprio autor: nasceu em 1898, estudou em Praga e Viena, militando
durante a Primeira Guerra no movimento da juventude socialista. Após a Revolução
Russa, colaborou com o Instituto Marx-Engels de Moscou, dirigido por Riazanov. Nos
anos 1930, rompeu com o stalinismo, voltando para a sua cidade natal, Lvov. Durante a
Segunda Guerra Mundial, caiu nas mãos da Gestapo, foi preso e deportado para os
campos de concentração do regime nazista. Em 1947, emigrou para os Estados Unidos,
mas, ao contrário de tantos outros que encontraram fortuna nas universidades americanas,
foi perseguido, desta vez, pelo macartismo, sendo obrigado a escrever este livro – como
narra o próprio autor no prefácio da obra – contando apenas com os parcos recursos
bibliográficos de sua própria biblioteca particular. Quando manuseou em 1948 um dos
raríssimos exemplares dos Grundrisse, conta Rosdolsky que percebeu logo que estava
diante de uma obra fundamental para a teoria marxista e dedicou os restantes anos de
sua vida a escrever sobre estes manuscritos de Marx.. Roman morreu em Detroit, no
mesmo ano que assinava o prefácio desta obra, datado de março de 1967.
Nesse prefácio, o próprio autor descreve, muito modestamente, os dois objetivos
principais que possuía ao escrever este livro: em primeiro lugar, visava apenas comentar,
de maneira didática, os Grundrisse (os manuscritos de Marx de 1857-1858), procurando
esclarecer e divulgar, para um círculo mais amplo de leitores, a importância desse difícil
texto publicado pela primeira vez em Moscou, somente em 1939; em segundo lugar, o
autor pretendia ressaltar algumas descobertas teóricas ali contidas, entre elas, a questão
da gênese e estrutura dialéticas da obra de Marx, mostrando que a influência de Hegel
estava mais presente no pensamento de Marx do que até então haviam percebido a
maioria dos leitores (com as significativas exceções de Lukács e Lenin). Humildemente,
ainda no prefácio, Rosdolsky confessava que não era nem economista nem filósofo
profissional, e observava que só se atrevera a escrever este livro porque não existia mais
então, no pós-guerra, uma escola de teóricos marxistas – como existira na primeira terça
parte deste século – que estivessem preparados para tal tarefa. Comentava que “a última
geração de teóricos marxistas dignos deste nome já nos deixou, na maioria dos casos
como vítimas do terror, hitlerista ou stalinista”, e acrescentava que “isto interrompeu
por décadas o desenvolvimento do patrimônio ideológico marxista”. Assim, afirmava
Rosdolsky, ainda no prefácio, que foi somente nestas circunstâncias desfavoráveis que se
atreveu a apresentar o seu trabalho, “por mais limitado e incompleto que possa ser”,
tendo como esperança que depois dele viesse gente mais jovem, “para quem a teoria de
Marx volte a ser uma fonte viva de conhecimentos e da prática que se guia por ela”.
O autor morreu em 1967 e, infelizmente, não pôde ver o justificado sucesso de sua
obra, hoje traduzida nas principais línguas, e presença obrigatória em qualquer bibliografia
sobre os Grundrisse e sobre questões metodológicas de O capital. A obra, com sua
grande profundidade conceitual e rigor teórico, merecidamente, teve uma trajetória que
ultrapassou de longe a excessiva modéstia de seu autor. Por outro lado, talvez, felizmente,
o autor não pôde ver o aprofundamento da crise histórica do marxismo, tanto na prática
como na teoria. Além da derrocada da União Soviética e de todo o bloco socialista,
assistimos nas últimas décadas o surgimento de uma esquerda não dialética, totalmente
afastada de Hegel e da tradição filosófica, que conhece muito mal a Marx (sobretudo,
aquele dos Grundrisse e de O capital), ou quando o conhece, o mescla com toda uma rede
de conceitos sociológicos ou econômicos não-marxistas, absolutamente externos a
qualquer tradição revolucionária. Não por acaso, esses diversos teóricos, nas últimas
décadas, dedicaram-se mais a “completar” o que Marx não teria pensado, sem nem
antes tentar (humildemente e modestamente como Rosdolsky) esgotar a compreensão
do que o próprio Marx realmente disse. Junto a estes, no caldo destes “avanços” teóricos,
surgiu toda uma “esquerda” que repudia qualquer tradição revolucionária marxista e,
sobretudo, qualquer vínculo com a tradição bolchevique.
Esta obra de Rosdolsky, em sentido contrário a tudo isso que está aí, é exemplar
duplamente. Em primeiro lugar, pela modéstia e humildade de tentar ler, compreender e
reproduzir o que Marx realmente disse, e em segundo lugar, por mostrar também que a
leitura imanente e rigorosa de Marx não só é compatível como também é inseparável
dialeticamene do projeto revolucionário marxista. Esta dupla exemplaridade se manifesta
claramente no cumprimento radical dos dois objetivos principais da obra, acima mencionados:
comentar os Grundrisse e ressaltar certas descobertas feitas por Marx nesse período.
Em primeiro lugar, ao comentar os Grundrisse, o autor se limita realmente a
reproduzir as idéias mais importantes ali contidas, dentro do possível, como ele próprio
diz, “com as próprias palavras de Marx”. O principal comentador a que recorre é o
próprio Marx anterior e posterior aos Grundrisse. Com essa leitura fiel ao texto original,
e com essas idas e vindas pelos textos das diversas épocas de Marx, Rosdolsky procura
apreender o processo de gênese das principais categorias do pensamento deste autor,
descrevendo como elas se esboçam e em que estágio se encontram no momento dos
manuscritos de 1857-1858. Este objetivo é cumprido nas partes II a VI da obra. Seguindo
em grande medida a própria estrutura dos Grundrisse, temos aqui o seguinte percurso:
a parte II estuda a formulação de Marx sobre o dinheiro; a parte III estuda o processo de
produção; a parte IV, o processo de circulação; a parte V, o capital produtivo, lucro e
juros; e a parte VI estuda algumas reflexões de Marx sobre a ordem social socialista e a
reificação das categorias econômicas.
O outro objetivo que se propõe Rosdolsky – ressaltar alguns desenvolvimentos teóricos
contidos nos Grundrisse – é cumprido nas partes I e VII da obra. Na parte I, o autor nos
descreve como nasceram os Grundrisse e como estes se articulam com O capital. Nessa
parte, é particularmente importante a discussão sobre os diversos planos para a redação
de O capital. O plano de 1857 possuía seis livros (ou capítulos ou seções), tudo isso
antecedido de uma introdução na qual se colocariam “as condições abstratas mais gerais
que correspondem em maior ou menor medida a todas as sociedades”. Já em 1858
renuncia a essa introdução, pois, considera que não é correto antecipar resultados que
não foram ainda demonstrados. Por volta de 1866, ou seja, cerca de nove anos depois, é
que Marx chega ao plano que será o definitivo. Os três primeiros livros (capital, propriedade
da terra e trabalho assalariado) são assimilados no novo plano, enquanto que os três
últimos (estado, comércio exterior, mercado mundial e crises) foram abandonados.
Rosdolsky discute como os planos se modificam, como certos materiais foram incorporados
e como outros teriam, talvez, permanecido sem plena realização, justificando a teoria das
lacunas na obra de Marx. Aqui Rosdolsky nos mostra já a importância de compreender os
diversos níveis de abstração em que trabalha Marx e como ele luta, de maneira permanente,
para encontrar a expressão dialética desse conteúdo. Tema este que nos remete a Hegel
e ao qual Rodolsky voltará durante todo o seu livro.
Após estudar internamente e detalhadamente os Grundrisse (nas partes II a VI, já
mencionadas) Rosdolsky conclui a obra, na parte VII, procurando mostrar os resultados
teóricos de sua leitura dos Grundrisse. Mostra, por exemplo, que a polêmica em torno
dos esquemas de reprodução de Marx, na verdade, carrega incompreensões estruturais
da sua obra e que o autor de O capital nunca teve intenção de ir mais longe do que
aquilo que foi ali atingido. Da mesma forma, procura mostrar que a crítica de Böhm-
Bawerk ao problema do trabalho qualificado, como aquela de Joan Robinson à teoria do
valor, assim como certos desenvolvimentos do que chama “economia neomarxista”,
podem ser superados pela leitura atenta dos Grundrisse. A publicação, a leitura e o
estudo destes manuscritos carregaria assim potencialmente a superação de diversas
críticas e de problemas metodológicos que a teoria marxista havia enfrentado, até
então, sem sucesso. Já nas observações finais, Rosdolsky chega mesmo a afirmar que
a leitura destes manuscritos de 1857-1858, havendo nos introduzido no laboratório
econômico de Marx e nos mostrado as sutilezas de sua metodologia, nos libertariam
inclusive da necessidade de estudar toda a lógica de Hegel.
Sem dúvida, as profecias otimistas de um grande desenvolvimento da teoria
marxista, graças e através dos Grundrisse, não se realizaram. Talvez, no entanto,
diria Marx (e o próprio Rosdolsky): “estas profecias não se realizaram por razões
externas à própria teoria”. Pois, contra Hegel, e contra leitores como Giannotti e Ruy
Fausto, afirma corretamente Rosdolsky, seguindo a Marx, que o leitor não deve
chegar à idéia de que as categorias econômicas são outra coisa que representações
de relações reais, assim como não deve acreditar que a derivação lógica dessas
categorias pode se produzir independentemente da história. Ora, aquilo que vale
para as categorias econômicas, vale também para a própria teoria marxista. A brilhante
escola marxista do começo do século XX, assim como o próprio Rosdolsky e este
livro aqui resenhado, são dialeticamente inseparáveis da história da revolução russa
de 1917. Da mesma forma, a crise atual da teoria marxista é inseparável da crise
histórica da direção revolucionária.



Feminismo, gênero e revolução


Lelita Oliveira Benoit*

"“De mãos dadas com o homem de sua classe, a mulher
proletária luta contra a sociedade capitalista.”"
Clara Zetkin1

A partir dos anos 80, os chamados “estudos de gênero” revolucionaram
todo o campo conceitual em que se situava a questão do feminismo. O próprio
conceito de “feminino” – ou de “feminilidade” – passou por uma radical revi-
são, particularmente, no sentido de superar e erradicar os referenciais “bioló-
gico-sexuais” que envolviam a temática feminista. Procurou-se, desde então,
circunscrever as expressões culturais, sociais, psicológicas do feminino e
reconstruir o conceito de feminino no campo das suas significações simbóli-
cas; nesse sentido, passou-se a investigar, nos diversos domínios da cultura,
da sociedade e da história, as chamadas “relações de gênero” entre mulheres e
homens2.


A partir destas séries de pesquisas acadêmicas, ao menos à primeira vista,
parece ter havido um avanço teórico significativo no domínio geral antes ocu-
pado pelo chamado “feminismo”. Sobretudo, considera-se importante a su-
peração de um suposto reducionismo biológico que sobredeterminava as diversas
categorias da anterior reflexão feminista: conceitos como “luta entre os sexos”,
“diferenças sexuais entre mulher-homem”, entre outras. O pretenso progresso
teórico em curso foi bem sintetizado pela historiadora Joan Scott: “Na sua utiliza-
ção recente, ‘gênero’ parece primeiro ter feito aparição entre as feministas ameri-
canas que queriam insistir sobre o caráter fundamentalmente social das distinções
fundadas sobre o sexo. A palavra indicava a rejeição do determinismo biológico
implícito no uso dos termos como ‘sexo’ e ‘diferença sexual’. O gênero enfatiza
o aspecto relacional das definições normativas de feminidade.” 3
Diante disto, pretendemos refletir especificamente sobre a seguinte ques-
tão: os chamados “estudos de gênero”, enraizados na tese da desnaturalização
do social, podem, efetivamente, em algum sentido, contribuir e harmonizar-
se com a teoria marxista clássica?

1. Feminismo
Reflitamos, inicialmente, sobre o discurso feminista contra o qual se vol-
tam os estudos de gênero. As categorias biológico-deterministas (“opressão
sexual”, “luta de sexos”, “classes sexuais”) predominaram no discurso femi-
nista que, durante os anos posteriores às barricadas de 68, autodenominava-se
“revolucionário e marxista”4.
Exemplo significativo do discurso feminista daqueles anos encontra-se
em Feminisno e Revolução. Nesta obra, Sheila Rowbotham sustenta a neces-
sidade de uma revisão feminista do marxismo, apoiando-se em categorias que
são evidentemente a-históricas e marcadas por um recorte biológico. Argu-
mentava a autora que Marx e também, em certo sentido, a tradição marxista
não teriam compreendido a especificidade da opressão feminina. Sendo histo-

ricamente anterior à sociedade capitalista, enraizada na própria natureza bio-
lógica, a opressão sexual incidiria, com a mesma intensidade, sobre as mulhe-
res de todas as classes sociais. Em outras palavras, para a autora, seria neces-
sário repensar o conceito marxista da história como luta de classes comple-
tando-o com o da “luta entre os sexos”.
Segundo Rowbotham, inquietações revolucionárias fundamentais poderiam
originar-se do entrecruzamento sexo/classe: “Estando dado que a submissão da
mulher precedeu à sociedade capitalista, podemos esperar que uma revolução,
que transforme os fundamentos econômicos da sociedade no sentido do socia-
lismo, afetará o papel sexual da mulher?”5. Concluía Rowbotham que, a exem-
plo da União Soviética e de outros países do Leste Europeu, a transformação
da propriedade privada capitalista em propriedade socialista não implicaria,
necessariamente, o fim da opressão de sexo. Nesse mesmo sentido, naqueles
anos, elaborou-se o conceito de “classes sexuais”6. Contra Marx, resgatando-
se, em certo sentido, as análises de Engels de inspiração antropológica, sobre-
tudo de A origem da família, da propriedade privada e do Estado, procurava-
se entrecruzar a questão da dominação econômica entre classes à questão mais
universal da mulher, como “sexo oprimido” 7.
No mesmo período, a teoria das novas vanguardas era elaborada no interior
de partidos ditos “marxistas”. Lado a lado à classe operária, pensava-se então nas
novas vanguardas: a juventude, as chamadas “minorias” raciais, sexuais, etc.,
assim como a “vanguarda feminista”. Mary-Alice Waters, feminista e marxista,
justificava o pensamento da nova vanguarda feminista pós-68, com as seguintes
reflexões: “O novo ascenso das lutas das mulheres em escala internacional e o
surgimento de um forte movimento de liberação da mulher (…) aumentam a
força política da classe trabalhadora e tornam mais clara a possibilidade de que a
revolução possa ser levada adiante, até a sua tarefa de reconstrução socialista. O
surgimento do movimento de liberação da mulher é uma garantia adicional contra
a degeneração burocrática de futuras revoluções”8.
No Secretariado Unificado da IV Internacional, e particularmente na sua
seção americana, o Socialist Workers Party, a organização e luta pelo socialis-
mo deveria ter como eixo, ao mesmo tempo, a questão de classe e a questão
de sexo, como atestam diversos documentos daquela época: “A verdade é que
as mulheres estão, ao mesmo tempo, unidas pela opressão sexista e divididas
pela sociedade de classes. Há [contudo] uma base objetiva sobre a qual é
possível unificar a luta das mulheres de diferentes classes e nacionalidades:
todas as mulheres são oprimidas enquanto mulheres [sic] pelo capitalismo”9.

2. Gênero
Desde os anos 80, essas posições teóricas feministas foram sendo, pouco
a pouco, abandonadas. As abordagens chamadas “estudos de gênero” – nas
quais se fundamenta o discurso atual sobre o feminino – vêm apontando a
fragilidade de conceitos tais como opressão sexual, guerra dos sexos, classe
sexual, papéis sexuais. Contra o suposto “engano biológico-determinista” da
teoria feminista anterior, mas também, em certos casos, para “evitar a redução
ao determinismo econômico” do marxismo, defende-se agora que sejam fei-
tas pesquisas específicas sobre o feminino, reconstruindo este objeto a partir
de uma multiplicidade de níveis e perspectivas. Deve-se levar em conta os
aspectos mais diversos: culturais, literários, sociais, históricos, psicológicos,
etc.10 Além disso, recomenda-se que não se privilegie, como fundamento da
opressão feminina, qualquer “causalidade única” 11.
Apesar da multiplicidade dos enfoques disciplinares, “gênero” pode ser
entendido, contudo, como o nome de um certo modo ou método de conhecer
o “feminino” a partir das significações construídas, de modo relacional, por
mulheres e homens. As relações de gênero, sustentam os estudos atuais, de-
vem ser apreendidas ali onde se desenvolve o simbólico, ou seja, nas defini-
ções ou imagens do feminino (e do masculino). Trata-se de estudar as signifi-
cações do feminino, ou, nas palavras de Joan Scott: “o aspecto relacional das
definições normativas de feminidade”.
Se parte do discurso feminista pós-68, de maneira confusa, procurava apoiar-
se basicamente ainda na teoria marxista, agora, este novo discurso, com o
conceito relacional-cultural de gênero, parece possuir outros referenciais teó-
ricos. As categorias “gênero”, “relação de gênero” e “feminino”, como entes
construídos culturalmente, isto é, como elementos simbólicos, parecem nos
remeter ao corpus teórico da sociologia da cultura. Em Economia e socieda-
de, Max Weber desenvolve certas matrizes conceituais que, de certo modo,
são reativadas, de maneira evidente, na categoria “gênero”, tal como é utiliza-
da pelo discurso atual sobre o feminino. Designamos por “relação social” –
escreve Weber – “o comportamento de diversos indivíduos em tanto que, por
seu conteúdo significativo [Sinngehalt], o comportamento de uns se regulamenta
pelo de outros [auf-einander gegenseitig eingestellt] e se orienta por eles”12. Pros-
segue Weber explicando que o “conteúdo significativo” da relação pode ser “luta,
hostilidade, amor sexual, amizade, piedade, troca comercial, etc.”.13

Como o paradigma weberiano14 de “relação social”, a categoria “gênero”
delimita o estudo da questão da desigualdade feminina às significações que
são construídas nas relações entre indivíduos, especificamente, entre “mulheres”
e “homens”. Além do mais, como se obedecessem rigorosamente aos preceitos
epistemológico-weberianos, as atuais investigadoras do feminino evitam pensar
o conceito de relações de gênero como se este fosse uma entidade realmente
existente ou “estrutura coisificada”15. À semelhança dos paradigmas ou “tipos
ideais” weberianos, gênero é o nome de uma categoria do entendimento, uma
espécie de abstração sem maior realidade ontológica. É nesta abstração que as
pesquisas atuais se apóiam para apreender e descrever aspectos ou significa-
ções parciais das relações específicas entre mulheres e homens.
Ainda no corpus teórico da sociologia da cultura, podemos demarcar proxi-
midades do conceito de gênero com certas categorias simmelianas, em particular,
nas chamadas de “formas de associação”. “Associação” (Vergesellschaftung), para
Simmel, é uma espécie de síntese frágil de tendências opostas, como ele pró-
prio explica: “As relações sociológicas são condicionadas de modo absoluta-
mente dualista: a união, a harmonia, a cooperação, que valem enquanto tais
como forças socializantes, devem ser atravessadas pela distância, a concor-
rência, a repulsão, para dar lugar às configurações reais da sociedade (…)”16.
É preciso ainda que os indivíduos em interação “uns com os outros, para e
contra os outros”, formem de alguma maneira uma “unidade”, uma “socieda-
de”, e que sejam conscientes disto. Em certo sentido, segundo Simmel, a
sociedade seria a “unidade objetiva” das consciências subjetivas, cujo jogo de
interações ou associação forma o substrato essencial. Sendo que, como escre-
veu o próprio Simmel, a compreensão do social, na sua multiplicidade infini-
ta, deve ser elaborada a partir de conteúdos subjetivos da consciência: “Qual-
quer que seja o acontecimento exterior que designamos como social (…) se
não reconhecermos, de modo evidente, as motivações espirituais, os senti-
mentos, os pensamentos, as necessidades, (…) tratar-se-á de um espetáculo de
marionetes”17.
As formas sociais (conflito, subordinação, divisão do trabalho) pensadas
à maneira de Simmel remetem-nos à categoria “gênero”, tal como é elaborada
pelo discurso atual do feminino. Como as formas sociais de Simmel, gênero é
um modelo conceitual do jogo de interações simbólicas, neste caso, esta for-
ma social gênero é constituída pela polaridade “feminino/masculino”18. Aliás,
a própria forma feminino/masculino é essencializada por Simmel, como mo-
delo significativo da “tragédia da cultura”. Na teoria da cultura simmeliana, o
“masculino” está vinculado à cultura objetiva (lugar da alienação das signifi-
cações individuais) e o feminino, à cultura subjetiva (imanência individual
das significações preservadas), sendo que a tragédia da cultura (perda do sen-
tido) é apresentada como “tragédia feminina”19. Como as categorias simme-
lianas, também as “relações de gênero”, no discurso atual do feminino, são
pensadas, de certo modo, como oposição não-contraditória e apenas relativa.
Nesse sentido, as relações de gênero são apenas relações entre pólos comple-
mentares, não permitindo que seja pensada qualquer superação do processo
de divisão do trabalho que subordina e oprime a mulher, a partir da oposição
contraditória entre classes sociais.
Ao mesmo tempo, se a categoria “gênero” se enraíza na compreensão
weberiana e simmeliana das oposições sociais, afasta-se da teoria marxista
clássica20. Para Marx, a análise e a síntese teórica das relações sociais não
podem ter como elemento essencial as significações que os indivíduos lhes atri-
buem, ou seja, as realidades discursivas da consciência. Aquilo que os indivíduos
pensam não coincide, em geral, com o seu ser real, conforme Marx escreveu no
Prefácio à crítica da economia política: “O modo de produção da vida mate-
rial domina, em geral, o desenvolvimento da vida social, política e intelectual.
Não é a consciência dos homens que determina a sua existência, ao contrário,
é sua existência social que determina sua consciência.”21 Ao contrário de ser
reveladora de conteúdos, a consciência – na sociedade de classes – seria o
lugar privilegiado das deformações ideológicas das relações sociais. Portan-
to, do ponto de vista de Marx, pode-se dizer que os estudos atuais sobre o
feminino, ao tomarem construções simbólico-sociais de gênero como fio con-
dutor de suas análises, recaem no engano comum a todas as manifestações do
idealismo conceitual.
Mas se gênero, como “categoria de análise”22, não coincide com o méto-
do marxista, podemos dizer que a teoria anterior, da chamada “nova vanguarda
feminista”, aparece, do ponto de vista de Marx, como igualmente problemáti-
ca. Também aquela teoria feminista, que se autodenominava “revolucionária
e marxista”, quando dava realidade indiferenciada e indeterminada às diferen-
ças biológico-sexuais, fundava o universal “mulher” de maneira puramente
abstrata; naturalizava elementos históricos e cortava, em diagonal, a con-
creticidade da luta de classes, totalidade, esta sim, real para Marx.
Aliás, talvez por isso mesmo, aquela teoria da chamada “nova vanguarda
feminista”, dos anos 60, apesar de comprometida com setores ditos “marxis-
tas”, não obteve resultados objetivos significativos no movimento revolucio-
nário das mulheres operárias, repercutindo muito mais nos setores burgueses
e pequeno-burgueses. Em sentido contrário, lembremos que, no quadro da II
Internacional, Clara Zetkin defendeu, em uma infinidade de textos teóricos e
políticos, a independência de classe do movimento das mulheres operárias,
em relação ao “feminisno burguês”23. Contra vanguardas feministas acima
das classes, Clara Zetkin escreveu: “Certamente, Marx não se ocupou da questão
feminina ‘enquanto tal’ e ‘em si mesma’. Entretanto, sua contribuição é
insubstituível, ela é essencial na luta levada pelas mulheres para conquistar
seus direitos. (…) Em O capital, acumula-se uma profusão de fatos, de idéias
e de sugestões sobre a questão do trabalho feminino, sobre a situação das
trabalhadoras, sobre a justificação da proteção legal do trabalho, etc. É um
arsenal intelectual inesgotável para nossa luta, tanto para as nossas reivindica-
ções imediatas como para nosso objetivo socialista.”24 A própria Clara Zetkin
discute amplamente em seus escritos, a importância, no final do século XIX e
começo do XX, da agitação e da propaganda de questões específicas que atin-
giam, em massa, a mulher da classe operária (direito ao voto, legislação traba-
lhista, assistência à maternidade, etc.), ou seja, aqui a mulher é pensada como
força de trabalho explorada pelo capital, isto é, como e enquanto Marx a
analisou.
Em O capital, Marx esboçou a tese que fundamenta a organização e a luta
independentes das mulheres trabalhadoras. Naquela obra, no capítulo “Ma-
quinaria e Grande Indústria”, Marx observa que a mecanização crescente do
processo de trabalho torna progressivamente dispensável a força muscular do
trabalhador, possibilitando a incorporação “de trabalhadores sem força mus-
cular ou com desenvolvimento corporal imaturo, mas com membros de maior
flexibilidade”25. Concretiza-se assim, conclui Marx, um trágico paradoxo: a
maquinaria, poderoso meio de substituir trabalho humano, em sua utilização
capitalista, transformou-se em seu oposto, ou seja, em poderoso meio de mul-
tiplicar infinitamente o número dos que podem trabalhar, ao destruir concreta-
mente todas as diferenças entre a força de trabalho masculina e feminina,
instaurando a mais absoluta e brutal igualdade, a da força de trabalho disponí-
vel para a exploração. Além disso, prossegue Marx, “a maquinaria, ao lançar
todos os membros da família do trabalhador no mercado de trabalho, reparte o
valor da força de trabalho do homem por toda sua família”, rebaixa o valor do
trabalho masculino e conseqüentemente, dali para diante, todos “os membros
da família precisam fornecer não só trabalho, mas mais-trabalho para o capi-
tal, para que uma família possa viver.”26 Desse modo, para Marx, a maioria
das mulheres é reduzida (como os homens e também os jovens e crianças da
classe trabalhadora) à condição de simples força de trabalho, ou seja, matéria
de exploração do capital.
Marx não aprofunda de fato, como disse Zetkin, a questão específica das
mulheres, ou seja, a questão da divisão “natural” do trabalho no interior da
família e da subordinação “natural” ao homem. Mas, exatamente porque, para
Marx, a superação das classes sociais, a instauração do comunismo, resulta na
superação da exploração da força de trabalho tanto do homem como da mulher
e, portanto, na superação de todas as formas opressoras de divisão do traba-
lho, inclusive as familiares, que recaem particularmente sobre as mulheres.
Para Marx, as questões específicas de opressão das mulheres – que atingem as
mulheres em geral e não só as operárias – estariam vinculadas à sobrevivência,
na sociedade atual, de formas pré-capitalistas de relações sociais que a socie-
dade burguesa, na sua fase já de decadência, jamais será capaz de superar.
Para Marx, ao contrário, legitimadas por supostos enraizamento na natu-
reza, as determinações biológico-sexuais (mas também raciais, nacionais, de
idade, etc.) da divisão do trabalho permaneceriam indefinidamente sob o ca-
pitalismo, mesmo porque a burguesia sabe instrumentalizá-las para alargar
ainda mais o tempo de trabalho não-pago da classe operária e conservar a sua
dominação de classe. Em O capital, Marx se refere à divisão natural do traba-
lho existente “no limiar de todos os povos civilizados”, sem contudo, tomar o
ponto de vista antropológico, ou seja, o ponto de vista da investigação de
supostos fundamentos universais, intemporais da divisão do trabalho. O que
interessa, para Marx, é pensar a atual divisão do trabalho, como lemos nos
Grundrisse: “Não é a unidade dos homens vivos e ativos com as condições
naturais e inorgânicas de seu metabolismo com a natureza que tem necessidade
de ser explicada; é, ao contrário, a separação entre as condições inorgânicas
da existência humana e de sua atividade, separação que é total na relação entre
o trabalho assalariado e o capital.”27 Nesse sentido, pode-se concluir que, para
Marx, a questão específica das mulheres trabalhadoras, e não só delas, se
reduziria, finalmente, à questão da superação revolucionária do modo de pro-
dução capitalista.

3. Revolução
A partir de tais colocações, diante da teoria marxista clássica, manifes-
tam-se claramente os limites conceituais do feminismo e das matrizes socio-
lógicas utilizadas pelo discurso de gênero. Por outro lado, neste caso, como
em tantos outros aspectos, as análises de Marx não parecem totalmente
envelhecidas, como propaga a ideologia burguesa. Aqueles limites conceituais,
aliás, são confirmados, em parte, pela história mais recente. Se é verdade que
mesmo no interior do capitalismo os direitos das mulheres têm sido contem-
plados, nas últimas décadas, isto ocorreu de modo bem unilateral. É inegável
que, particularmente após os anos 60, significativos avanços democráticos
foram obtidos pelas mulheres da burguesia e da pequena burguesia (intelectuais,
artistas, profissionais liberais, políticas, etc.). Desta época em diante, este se-
tor social vem conquistando direitos civis e igualdade de oportunidades de
trabalho. Se isto não deu ainda a estas mulheres a cidadania burguesa absolu-
ta, ao menos, configura significativo avanço na direção da completa igualda-
de, de forma jamais sonhada em outras épocas históricas. No entanto, estas
mulheres emancipadas, em geral, situam-se nas relações de produção, entre
aqueles que extraem mais-valia das próprias mulheres, as operárias28.
As mulheres da classe trabalhadora, ao contrário, nada conquistaram nas
últimas décadas. A estas, muito pelo contrário, cada vez mais amplamente,
têm sido negados direitos democráticos, mesmo aqueles conquistados pela
luta do movimento operário, desde o século XIX, como o simples direito ao
trabalho, hoje retirado, em nome da chamada “modernização capitalista”29.
Tendo, com muita astúcia, feito o corte de classes na questão das mulheres, a
burguesia ainda vê a mulher da classe operária como simples “instrumento de
trabalho”, para usarmos a expressão de Marx30.
Realmente, a igualdade das mulheres, em sentido não-unilateral, parece
ter limites bem concretos, no âmbito da sociedade capitalista e da democracia
burguesa. Contudo, a superação de todas as desigualdades culturais, sociais,
psicológicas, sexuais e da própria divisão natural do trabalho, não pode ser
considerada tão-somente uma utopia adiada para uma hipotética sociedade
socialista do futuro. Sob nossos olhos, concretamente, muitas vezes, já foi e é
iniciada a superação, mais ampla, da desigualdade feminina. Ali onde a negação
revolucionária da sociedade capitalista é iniciada, percebem-se claros avanços
nas relações cotidianas entre mulheres e homens, no sentido de uma sempre
crescente igualdade democrático-socialista. Assim é que, significativamente,
nos primeiros anos da Revolução Russa, efetivou-se uma ampla legislação igua-
litária, acompanhada do esclarecimento revolucionário e da organização polí-
tica das trabalhadoras russas, no sentido da real concretização de seus direi-
tos31. Mesmo que tenha sido aprisionado nos limites do “socialismo em um
só país”, e fracassado, o projeto democrático-socialista para as trabalhadoras
russas permanece, enquanto gênese e modelo radical de outras experiências
possíveis.
Atualmente, os movimentos populares da América Latina, na concre-
ticidade de práticas político-revolucionárias cotidianas, recolocam a questão
democrático-socialista das mulheres. Veja-se a experiência igualitária no inte-
rior das FARC-EP, organização marxista que controla parte da Colômbia:
homens e mulheres dividem todo o trabalho revolucionário, político e cotidia-
no, mesmo o doméstico 32. Da mesma forma, nos acampamentos do MST, no
processo de luta social, as mulheres trabalhadoras adquirem consciência po-
lítica e direitos que a sociedade burguesa lhes nega. Também em momentos
mais esporádicos de luta, por exemplo em grandes greves, as mulheres trabalha-
doras, freqüentemente, já ali vivem a experiência da igualdade que está con-
tida na própria oposição operária à exploração burguesa da força de trabalho.


NOTAS:
*
Doutora em Filosofia Política pela USP e pesquisadora da Fapesp.
1
Zetkin, C. “Relatório para o congresso de Gotha”, 1896. In Ausgewählte Reden und Schriften. 3
vols. Berlim (R. D. A.): Dietz Verlag, 1957-60, T. 1, p. 103-5.
2
Deve-se a constituição teórica do conceito de “gênero” à socióloga Ann Oakley, em trabalhos que
remontam à década de 70 (cf. Sex, gender and society, 1972; The sociology of housework, 1974,
Housewife, 1976), sendo, mais recentemente, rediscutido pela historiadora Joan Scott em “Gênero:
uma categoria útil de análise histórica”. Tradução de G. Lopes Loro. Revista Educação e Realidade,
Porto Alegre, 16 (2):5:22, jul./dez. 1990, p. 5-22; Idem. Gender and Politics of History. New York:
Columbia University Press, 1994.
3
Scott, Joan. “Gênero: uma categoria útil... ”, op. cit., p. 5. O suposto progresso teórico é apontado
na extensa bibliografia de “gênero”, também no Brasil: “Gênero tem sido (... ) o termo usado para
teorizar a diferença sexual. (... ) A palavra indicava uma rejeição ao determinismo biológico implícito
no uso de termos como ‘sexo’ ou ‘diferença sexual’. O gênero sublinha o aspecto relacional entre
homens e mulheres, ou seja, nenhuma compreensão de qualquer um dos dois pode existir através de
um estudo que os considere totalmente em separado.” (Soihet, Rachel.”História, mulheres, gênero:
contribuições para um debate”. In Aguiar, Neuma (org.). Gênero e Ciências Humanas, desafios às
ciências desde a perspectiva das mulheres. Rio de Janeiro: Record/Rosa dos Tempos, 1997, p. 101).
4
Sobre o feminismo da década de 70, cf. Fougeyrollas, Dominique. “Les féministes des années
1970”. In Fauré, Christine (org.). Encyclopédie politique et historique: Europe, Amérique du Sud.
Paris: PUF, 1997; Thébaud, François. Écrire l’histoire des femmes. Col. “Sociétes, temps”. Fontenay-
aux-roses: ed. Fontenay-Saint-Cloud, 1998.
5
Rowbotham, S. Féminisme et Révolution [Women, Resistance and Revolution, 1972]. Paris: Payot,
1973, p. 86.
6
Cf. Firestone, Shulamith. A dialética do sexo, um estudo da revolução feminista [The dialectic of
Sex, 1970]. Rio de Janeiro: Ed. Labor do Brasil, 1976, p. 14.
7
Até hoje, A origem da família... é uma referência necessária aos estudos do feminino e feministas.
Para uma leitura feminista clássica do pensamento de Engels, cf. Delmar, Rosalind. “Looking again at
Engels’s ‘Origins of the family, private property and State’”. In Mitchell, Juliet e Oakley, Ann (org.).
The rights and wrongs of women. Londres: Penguin Books, 1976, p. 271-287.
8
Water, M.-A. “La revolución socialista y la lucha por la liberación de la mujer”. In Trotski, Leon.
Escritos sobre la cuestión femenina. Barcelona: Anagrama, 1977, p. 133.
9
“Un programme socialiste pour la libération des femmes: vers un mouvement féministe de masse
(Résolution de congrès du Socialist Workers Party)”. In F. Le Cavez, Françoise. (tradução e apresen-
tação). Féminisme et socialisme aux États-Unis. Col. “10/18”. Paris: U.G.E, 1979 ( 1a ed., 1971); este
documento se insere na linha política “inovadora” do setor dito “pablista” do trotskismo que, na
década de 50, já “inovara” sustentando uma possível “regeneração dos PCs” e do “stalinismo”.
10
Para uma descrição da abrangência teórica da categoria “gênero” cf. Scott, Joan, “Gênero: uma
categoria útil...”, op. cit.
11
Sobre o relativismo imanente aos estudos de gênero, comenta uma das pioneiras na temática:
“Sendo escrupulosa em meu uso das palavras, utilizaria o termo ‘sexo’ apenas para falar da diferença
biológica entre macho e fêmea, ‘gênero’ quando me referisse às construções sociais, culturais, psico-
lógicas que se impõem sobre essas diferenças biológicas. Gênero designa um conjunto de categorias
às quais outorgamos uma mesma etiqueta (crosslinguistically, ou crossculturally), porque elas têm
alguma conexão com diferenças sexuais. Estas categorias, no entanto, são convencionais ou arbitrá-
rias. Elas não são redutíveis e não derivam diretamente de fatos naturais, biológicos, e variam de uma
linguagem a outra, de uma cultura a outra, na maneira em que ordenam experiência e ação” (Shapiro,
Judith. ”Anthropology and study of gender”. In Soudings, an Interdisciplinary Journal, 64, n. 4, 1981,
p. 446-65).
12
Weber, M. Économie et Société (Wirtschaft und Gesellschaft), 1 e 2 . Tradução de Julien Freund e
outros. Paris: Plon, 1971, T. 1: “Les catégories de la sociologie”, p. 58.
13
Idem, ibidem. A seguir, Weber explica que “o conceito nada diz sobre a existência de uma ‘solida-
riedade’ entre os agentes ou o contrário”.
14
É o próprio Weber que se refere aos “paradigmas sociológicos” ou “tipos”, explicando: “A sociolo-
gia – como pressupomos em vários momentos, por ser evidente – elabora conceitos de tipos e põe-se
à procura das regras gerais do devir (... ). A elaboração de conceitos, que é característica da sociolo-
gia, toma seus materiais, sob a forma de paradigmas, nas realidades da atividade as quais são igual-
mente importantes para os pontos de vista da história” (op. cit., p. 48-49, grifos do autor).
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Como diz Weber, rejeitando o realismo conceitual dos universais ou das totalizações: “Não é
somente a natureza particular da linguagem, mas também aquela de nosso pensamento que faz com
que os conceitos, pelos quais apreendemos uma atividade, deixem que esta apareça sob a forma de
uma realidade durável, de uma estrutura coisificada ou de uma estrutura ‘personificada’, tendo uma
existência autônoma. É assim igualmente, e mesmo bem particularmente, em sociologia. Conceitos
como aqueles de ‘Estado’, ‘associação’, ‘feudalismo’ ou outros semelhantes, designam, de uma ma-
neira geral, do ponto de vista da sociologia, categorias representando formas determinadas da coo-
peração humana; [a] tarefa [da sociologia] consiste em as reduzir a uma atividade ‘compreensível’,
o que quer dizer, sem nenhuma exceção, a uma atividade dos indivíduos isolados que delas partici-
pam.” (Weber, M. “Essai sur quelques catégories de la sociologie compréhensive” (“Über einige
Kategorien der verstehenden Soziologie”, 1913). Tradução de J. Freund. In Weber, M. Essais sur la
théorie de la science (Gesammelte Aufsätze zur Wissenschaftslehre). Paris: Plon, p. 318-19.
16
Simmel, G. Soziologie. Untersuchungen über die Formen der Vergesellschaftung, in Gesamtausgabe,
v. 11. Frankfurt, Suhrkamp, 1992, p. 28, cit. por Vandenberghe, F. Une histoire critique de la sociologie
allemande. Aliénation et Réification. 2 T. Paris: La découverte/M.A.U.S.S, 1997. T 1, p. 117.
17
Idem, ibidem, p. 35.
8
Simmel propõe que as formas de associação sejam reconstruídas conceitualmente fazendo-se o
inventário das polaridades que as constituem, ou seja: distinção/imitação, oposição/integração, re-
sistência/submissão, diferenciação/expansão, distanciamento/proximidade. Assim, por exemplo, o
conflito, como forma social, deve ser pensado (reconstruído conceitualmente) como síntese entre
“subordinação e resistência”; a troca, como forma social “que separa e une os indivíduos”, etc.
19
Simmel, G. “Culture féminine”. In: Philosophie de l’amour. Paris: Rivages, 1988, p. 69-109; Idem.
“Ce qui est relatif et ce qui est absolu dans le problème des sexes”. In: Philosophie de la modernité.
La femme, la ville, l’individualisme, I. Paris: Payot, 1989, p. 69-112.
20
Para uma análise comparada de Marx e Weber, além do estudo clássico de Löwith, K. Marx and
Weber. Londres: Allen & Unwin, 1982, cf. Weiss, J. Weber and the marxist world. Londres: Routledge,
1986; Wiley, N. (direção de). The Marx-Weber debate. Bervely Hills: Sage, 1987; Sayer, D. Capitalism
and modernity. An excursus on Marx and Weber. Londres: Routledge, 1991; Vincent, J.-M. Fétichisme
et société. Paris: Anthropos, 1973.
21
Marx, K. “Avant Propos”. In Critique de l’Économie Politique [Zur Kritik der politischen Oekonomie,
1859]. Tradução de M. Rubel e L. Évrard. In Marx, K., Oeuvres. T: Economie I. Col. “Bibliothèque de
la Pléiade”. Paris: Gallimard. p. 273.
22
A expressão é de Joan Scott.
23
Amiga de Rosa Luxemburg, de Franz Mehring e de Karl Liebknecht, Clara Zetkin (1857-1933) foi
uma das figuras marcantes da ala esquerda da social-democracia alemã; em 1907, tornou-se dirigen-
te do Movimento internacional das mulheres socialistas. Organizou, em 1915, uma conferência
internacional das mulheres, em Berna. Foi dirigente da Liga spartakista, e mais tarde do partido
comunista alemão; em 1921, eleita para o Comitê executivo da III Internacional. Como Rosa, após
1906, denunciou o reformismo da direção social-democrata, que, segundo pensava, não lutava com
bastante energia contra a sociedade capitalista. Clara criou aquele que foi então o mais importante e
único órgão de propaganda e agitação socialista dirigido às mulheres trabalhadoras: Die Gleichheit
(A Igualdade), cujo subtítulo era: “Revista dos interesses das trabalhadoras” que circulou amplamen-
te, na Europa, de 1891 a 1917. Em sua luta política pela independência de classe do movimento das
mulheres trabalhadoras, enfrentou a ala feminista reformista dentro da própria social-democracia
alemã; comenta Badia que, para Clara, “(... ) o partido não tem que desenvolver uma propaganda
feminina específica, mas uma ‘propaganda socialista entre as mulheres’. Sendo que sua tarefa essen-
cial é despertar ‘nas mulheres a consciência de classe e fazê-las participar da luta de classes’.”
Badia, Gilbert. “Préface”. In: Zetkin, C. Batailles pour les femmes. Paris: Ed. Sociales, 1980, p. 35;
sobre a atividade política de Clara Zetkin, cf. Badia, G. Rosa Luxemburg, journaliste, polémiste
revolutionnaire. Paris: ed. Sociales, 1975; Idem. Les spartakistes, 1918: l’Allemagne en révolution.
Col. “Archives”. Paris: Julliard-Gallimard. 2a ed., 1974; Dornemann, Luise. Clara Zetkin. Leben und
Wirken. Berlim: Dietz Verlag, 1973. Constituída por uma infindável série de escritos teóricos e polí-
ticos, a obra de Clara Zetkin foi reunida, parcialmente, em Ausgewählte Reden und Schriften. 3 vols.
Berlim: Dietz Verlag, 1957.
24
Zetkin, C. “Ce que les femmes doivent à Karl Marx”, 1890 [“O que as mulheres devem a Karl
Marx”, 1890]. In Idem. Batailles pour les femmes. Paris: ed. Sociales, ed. cit., p. 90-94; cf. Idem. La
cuestión femenina y la lucha contra el reformismo. Barcelona: Anagrama, 1976.
25
Marx, K. O capital. Crítica da Economia Política. Tradução de R. Barbosa e F. Kothe. 3 Livros. Col.
“Os Economistas”. São Paulo, Abril, 1983. Livro I, (1/2), p. 23 .
26
Idem, ibidem.
27
Marx, K. Fondements de la critique de l’économie politique [Grundrisse der Kritik der politischen
economie, 1857-58]. Tradução de R. Dangeville. Paris: Anthropos, 1968; 2bis. “Supplément au Chapitre
du Capital”, p. 24.
28
Neste sentido, não parece sem fundamento a crítica segundo a qual os estudos de gênero fariam
parte da contra-ideologia atual: “Essa ‘contra-ideologia’ raramente desafia as prescrições da política
liberal (... ). Dentro dessa contra-ideologia (que é generosamente financiada pelas instituições de
pesquisa), estudiosos do desenvolvimento encontram um confortável nicho. Seu papel é gerar (inter-
namente a esse contra-discurso) uma aparência de debate crítico sem tocar nos fundamentos sociais
do sistema de mercado global. O Banco Mundial desempenha um papel-chave nesse particular,
promovendo a pesquisa sobre a pobreza e as chamadas ‘dimensões sociais do ajuste’. Esse enfoque
ético e as categorias subjacentes (por exemplo, a diminuição da pobreza, questões ligadas a gênero,
eqüidade, etc.) fornecem uma ‘face humana’ às instituições de Bretton Woods e uma aparência de
compromisso com a mudança social. Todavia, uma vez que está funcionalmente divorciada das
principais reformas macroeconômicas, essa análise raramente constitui uma ameaça para a agenda
econômica neoliberal.” (Chossudovsky, Michel. A globalização da pobreza. Impactos das reformas
do FMI e do Banco Mundial. Trad. de M. Pinto Michel. São Paulo, Moderna, 1999, p. 35.)
29
Em pesquisa da própria ONU, constatou-se: “O relatório provisório das Nações Unidas deixa
também perceber que as práticas ligadas à globalização se apoiaram em uma ideologia patriarcal
que existia anteriormente mas que a globalização soube integrar, quando não a reforçou. Desta
forma, três dos fenômenos ligados à globalização – a multiplicação dos ‘sweat shops’ (fábricas onde
o trabalhador é superexplorado), empregos em tempo parcial e formas de trabalho precárias – atin-
gem principalmente as mulheres, em especial as do Sul e as imigrantes: a globalização soube, desta
forma, incorporar e utilizar uma divisão do trabalho e um sistema de valores baseado, entre outros,
na desvalorização das funções desempenhadas pelas mulheres.” (Callamard, Agnès. “Pequim, cinco
anos – avanços e obstáculos: um balanço”. Traduzido por C. Marcondes. In Le Monde Diplomatique,
ed. bras., ano 1. n. 4, 2000, p. 4; cf. da mesma autora: Méthodologie de recherche séxospécifique.
Montreal: Anistia Internacional e Centro Internacional dos Direitos da Pessoa e do Desenvolvimento
Democrático, 1999).
30
No Manifesto Comunista (1848), lemos que “aos olhos dos burgueses, a mulher [da classe proletá-
ria] é apenas um instrumento de trabalho”, quanto às mulheres da própria burguesia, escrevem Marx
e Engels, pode-se dizer que estão, mais ou menos veladamente, destinadas à “prostituição oficial ou
não-oficial”.
31
“As medidas avançadas que foram tomadas no início [da revolução de 1917], com relação ao
casamento, ao divórcio, ao aborto, ao cuidado das crianças e da família, foram suprimidas totalmen-
te e a reação se impôs a tal ponto que, em 1943, estava proibida a co-educação na União Soviética.
Sufocada a revolução sexual, triunfava a contra-revolução. Durante as décadas seguintes, a opinião
conservadora mundial se regozijou em mostrar que a União Soviética permanecia totalmente atrasa-
da a este respeito.” (Millet, Kate. Sexual Politics. Nova Iorque: Doubleday, 1970, p. 176)
32
Observe-se, no entanto, que em interessante artigo intitulado “Feminismo y Genero”, da revista da
FARC, utiliza-se a equívoca categoria “gênero”, porém neutralizada pelo recorte de classe: “Categorías
que han omitido el género, tales como ‘campesinos’, ‘desposeídos’, ‘desplazados’ siguen prevaleciendo
a pesar que dentro de estos grupos las mujeres han sido las más prejudicadas, al grado de que se
habla de la ‘feminización de la pobreza’.” (Documento eletrônico).